Antes de saber ni un solo nombre del Festival Independiente de Zaragoza (FIZ), ya se sabía que iba ser el oasis musical de las Fiestas del Pilar, la única alternativa para los que buscan sonidos y propuestas alejadas de la radiofórmula más trillada (no creo que haga falta que dé un repaso a los artistas que van animar las fiestas; los de siempre, vamos). El cartel de este año volvió a resultar muy interesante… pero sobre el papel. El hecho de que el FIZ se celebre durante las fiestas del Pilar condiciona mucho la respuesta popular. La gente quiere bailar, pasarlo bien, desmelenarse; son días de fiesta. De ahí que el segundo día (con Massive Attack, We Have Band y We Are Standard) contase con muchísimo más público que el primero (con Tim Robbins y Pete Doherty, entre otros).
Los zaragozanos Estige fueron los primeros en inaugurar la décima edición del evento, que aprovecharon para ofrecer su último concierto como banda. Los últimos ganadores del Muévete volvieron a desplegar su indie-rock, que aunque no resulta innovador, sí que funciona a las mil maravillas, y más en directo (ayuda mucho tener un cantante con la voz de Álex Mariona). Como no podía ser de otra manera, hicieron un repaso a su discografía en el que no faltaron algunas de sus canciones más reconocidas (No sé si existo, Phoenix, Tu silencio…). Puede que sea nostalgia, pero creo que se merecieron un mayor apoyo del público, que fue muy escaso.
Con Tachenko comenzó a entrar en calor la sala Multiusos (que no se llegó a llenar en ningún momento del festival). Sergio Vinadé y compañía mostraron su excepcional momento de forma en directo y dejaron (más) claro que su último disco, Os reís porque sois jóvenes, es uno de los mejores trabajos de pop español en lo que llevamos de año, sin discusión. A la redondez de sus canciones, ahora hay que sumar que cada vez suenan mejor como grupo, con elaborados coros vocales y mayor fuerza en las guitarras. Amigos del metal, Hacia el huracán, Escapatoria, Amable… muy difícil es fallar con estos hits.
A continuación, era el turno del protagonista de Cadena Perpetua (como Vinadé lo presentó), Tim Robbins. Realmente había expectación en ver lo que podía ofrecer el actor americano con su proyecto musical. ¿Capricho de estrella? ¿Nueva promesa del folk? Ni lo uno ni lo otro. Robbins, acompañado de The Rogues Gallery Band, desplegó un efectivo folk americano (muy deudor de Springsteen) que ganaba muchos enteros cuando apretaba el acelerador. La banda, integrada por experimentados y versátiles músicos, le permitió adornar a sus composiciones con todo tipo de arreglos (el serrucho-violín, impresionante) y acercarlas a estilos como el jazz o la música sureña tradicional. A pesar de contar con varios temas muy estimables, no consiguió conectar con todo el público. Sin embargo, fue el concierto con la media edad más alta del festival. Se nota que los amantes del rock de corte más clásico se agarraron a la mínima propuesta que se les ofreció.
El momento más surrealista de la noche vino a cargo del imprevisible Pete Doherty (más de uno no veía muy claro si realmente se presentaría). El ex The Libertines salió acompañado tan sólo de su guitarra y con dos bailarinas con tutú danzando con la bandera de la Union Jack. La actuación rozó tanto la genialidad como la mayor tomadura de pelo. Y es que Pete es un músico único, con un talento compositivo innegable y con una gran presencia escénica, pero el resultado ya depende del grado de fanatismo hacia el inglés. Eso sí, cuando soltó Don’t look back into the sun, Can’t stand me now o Last of the English roses, se desató la locura.
Ya a altas horas de la noche el público quería pasárselo bien, y The Go! Team no defraudaron. El variopinto grupo va cargado de buen rollo y canciones alegres ideales para cualquier festival. Con una cantante que no dejó de moverse durante toda la hora del concierto regalaron una irresistible colección de hits: Grip like a vice, Lady Flash, Doing it right…
Y ya con media sala llena y el público caliente, fue el turno de Dorian, uno de los grupos más esperados de la noche. Debo reconocer que no soy un gran fan de ellos, pero es innegable que realizaron un concierto impecable, desplegando el mejor sonido de toda la noche. Su infalible tecno pop rompepistas (con un toque melancólico, a lo New Order) y una sencilla pero cuidadísima puesta fue un dignísimo final para la primera jornada. Por su puesto, tuvo un momento álgido: cuando tocaron A cualquier otra parte, un éxito que ha traspasado estilos y ha conquistado a todas las audiencias.
El sábado, el persistente chaparrón que cayó en la capital me impidió ver la actuación de 3Mellizas pero la lluvia parece ser que no fue impedimento para que cuando el sorprendente Bigott saliese al escenario ya hubiese un considerable número de público. El ascenso del zaragozano a lo más alto del panorama alternativo es imparable. Un disco al año y en cada uno se supera. Con su último trabajo, This is the beginning of a beautiful friendship, vuelve a dar otra vuelta de tuerca al manido folk americano y lo convierte en algo nuevo, diferente, raro y excitante: exactamente lo que fue su recital. Para la ocasión, Bigott salió arropado por una banda al completo y revisitaron y dieron más profundidad a sus temas. Fue una delicia poder escuchar en directo Dead man walking, She is my man y una pletórica New York S’Eveille.
Continuando con la nueva hornada folk española, llegó el turno de Annie B. Sweet, una de las revelaciones del año pasado (con el permiso de Russian Red, claro). Si Bigott apuesta por una vertiente más bizarra, la joven artista opta por dotar a la música de elegancia, sensualidad y delicadeza. Con su voz y su primer disco encandiló fácilmente a los presentes y remató la jugada con su original versión de Take on me, de A-Ha.
Y por fín llegó uno de los momentos más esperados del festival: Massive Attack, las auténticas estrellas de las fiestas del Pilar (aunque también había por ahí un tal David Guetta…). Su último disco, Heligoland, no ha ido acompañado con las entusiastas críticas que suelen producir sus lanzamientos, sin embargo, con el directo, sus nuevas composiciones cobran una gran fuerza y despejaron posibles dudas. El arranque con United Snakes (una joya que sólo se puede conseguir por medio de itunes) ya fue un aviso de que no habían bajado el nivel. Los de Bristol comentaban hace poco en una entrevista que no les gusta mirar al pasado, pero es obvio que en los últimos años sus actuaciones se sustentan en esa piedra angular de la música de los 90 que es Mezzanine. De él tocaron hasta cuatro temas pero es que, además, sus nuevas y viejas composiciones se empapan de ese sonido (una especie de mezzanización…): potentes graves, ritmos hipnóticos, puntuales guitarras y una sobrecogedora sensación claustrofóbica. Así pues el repertorio fue un resumen de lo mejor de Heligoland (Girl i love you, Babel…) con las infalibles Unfinished Sympathy, Teardrop (que fue la única que sonó algo desangelada), Angel, Inertia Creep, Safe from harm, Rising son… Por supuesto, no faltaron algunos de sus ilustres colaboradores, como Horace Andy, que fue recibido como se lo merece, como un grande. Como era de esperar, el sonido fue impecable y la puesta en escena magnífica. Un gran panel con luces led colocado detrás de la banda acompañaba a las canciones con todo tipo de mensajes subversivos contra la guerra, políticos y la incultura en general. Lo único que hizo cortar la intensidad del concierto fue los problemas técnicos que obligaron a pararlo durante más de 15 minutos. De todas maneras, un concierto que no se olvidará fácilmente en Zaragoza.
Después de semejante exhibición, muy difícil lo tenían We Have Band, uno de los últimos hypes provenientes de Inglaterra. Cuentan con un interesantísimo primer disco, pero debo reconocer que me acerqué a ellos con cierto escepticismo por culpa de la exagerada prensa anglosajona. A pesar de ser una banda con una marcada tendencia a la pista de baile (sus primeros singles así apuntaban) en directo trataron de reflejar la diversidad de la que hace gala su disco: mucho ritmo, elaborados juegos vocales y sutiles arreglos electrónicos. Quizás su pose pretendidamente arty, les impidió conectar más con el público, aunque sus singles más conocidos (Oh! y Dividise) fueron infalibles.
Pero si de verdad lo que se quería era bailar, ¿quién mejor que We Are Standard? Estos vascos no se caracterizan precisamente por las sutileza, van al grano. Comenzaron alto ya con Don’t let the children play around y ya no dieron respiro. La actuación se centró en su último y celebrado disco, con el que han revolucionado todas las salas de conciertos que han pisado. Zaragoza no fue una excepción y media multiusos bailaba al ritmo de las dos baterías del grupo. Ya en la recta final rescataron sus primeros hits: On the floor, Txusma remix y Believe (algo así como su Swastika eyes particular). Una gran fiesta en la que ni si quiera faltó confeti.
Los encargados de cerrar el festival fueron TV Addictive, descritos como “auténticos pioneros del remix del audio y vídeo”. Debo reconocer que aunque me parecieron originales, a la larga me resultaron un tanto planos y repetitivos. Eso sí, no dejaron indiferente a nadie y además consiguieron animar la sala hasta que se cerró.
Un punto que no se debería pasar por alto es el abusivo precio en las consumiciones, un tema muy comentado durante todo el festival. No es normal que cobren 8 euros por un cubata en vaso de plástico y 10 euros por un litro de cerveza. Más de uno se quedaría con las ganas de pedir el libro de reclamaciones.







