Entrevista al dibujante Álvaro Ortiz

El zaragozano Álvaro Ortiz acaba de publicar su nuevo cómic, “Cenizas” (Astiberri, 2012), una especie de road movie en la que sus tres protagonistas se plantearán su madurez y lo que significa la amistad. Le entrevista está publicada en Mondo Sonoro en su edición de Aragón, pero aquí cuelgo la versión completa.

Cuando era un niño, siempre pensé que cuando alcanzase los 30 años mi vida sería más sencilla, asentada y que mi cabecita ya no le daría tantas vueltas a problemas sin sentido. Cuánto me equivoqué. Precisamente de esta época de la vida nos habla Álvaro Ortiz (1983, Zaragoza) en su nuevo cómic, “Cenizas”, en el que relata a lo largo de más de 2.000 viñetas las experiencias de tres personajes que rondan la treintena y sus complicaciones para abrazar una vida adulta y estable. El zaragozano ha logrado una obra redonda, mezclando elementos tan dispares como la road movie, el humor o lo fantástico, creando situaciones realmente inesperadas. Aunque el conjunto de la historia deja un regusto amargo, es de agradecer que nunca pierda el sentido del humor.

¿Cuánto existe de autobiográfico en el libro?

Bastante más de lo que me gustaría reconocer y bastante menos del total de lo contado.

Es una historia muy de treinteñeros, ¿crees que la puede disfrutar gente de otra edad igualmente? ¿Piensas que lo podrías haber escrito en otra época?

En realidad la he escrito en otra época porque aún no he cumplido los 30, y cuando empecé a preparar la historia aún era más joven. He hecho un cómic de ciencia ficción pero sin naves espaciales, y he intentado ver cómo será eso de tener 30 años. Espero que sea como lo he contado, pero no creo que me de por comprarme unas botas de cowboy. Estoy seguro de que serán incomodísimas.

Con  las botas se refiere a uno de sus personajes, Moho, un buscavidas sin vergüenza que, en contra de su intención, tendrá que volver a retomar el contacto con sus antiguos amigos, Polly y Piter.

¿Qué importancia le das a la amistad?

Es algo muy importante en mi vida. Ya hablaba de eso en mis tebeos anteriores. Bueno, en “Fjorden” no, que ese trata de un gato oficinista que se va de vacaciones a Noruega y se lía a mamporros con dioses nórdicos y con zombis nazis. En los dos anteriores, “Julia y el verano muerto” y “Julia y la voz de la ballena”, ya se trataba bastante este tema. Bueno, en realidad el gato de “Fjorden” se acaba haciendo colega de Thor y de Odín; así que sí, todos mis cómics van sobre ser amigos y beber cerveza.

¿Por qué has decidido contar la historia desde el punto de vista de Piter?

Porque entre todos los protagonistas es el único al que no te dan ganas de abofetear cada cuatro páginas. Creo.

La historia no está ambientada en ningún lugar reconocible, ¿buscabas así contar una historia más universal?

En efecto, pero hay quien en seguida da por hecho que es EEUU, mientras que otros se dan cuenta al momento de que no es EEUU. En el cómic se mencionan lugares, pero siempre ajenos, nunca se menciona dónde están ni a dónde van. Intentaba que el lector vaya a veces casi tan perdido como los personajes.

En el país imaginario que dibuja Álvaro se pueden dar cualquier tipo de situaciones. Por suerte, su mezcla de estilos y referencias (muchas musicales) no entorpece la narración, al revés, le aporta frescura de una manera completamente coherente. 

¿Pretendías incluirlas como acto reivindicativo o fue algo que surgió?

La historia fue cobrando vida ella sola (a veces) y con su propio ritmo. Sí que es verdad que la idea inicial era como más seria, como la parte más de verdad, eso sí, casi siempre con lo de la road movie en la cabeza. Luego todo lo demás vino un poco sobre la marcha con la idea de aligerar un poco la parte drama y conseguir que la historia funcionase y fuese de lectura amena. Hay demasiados generos interesantes como para ceñirse a uno sólo.

Creo que se mencionan siete u ocho grupos de música. Luego aparecen dos o tres libros, un cuadro y se nombra a un director de cine. No creo que sean tantas referencias, ni mucho menos están puestas para reivindicar nada. No quiero que suene en plan “mira que buen gusto tengo, voy a transmitirlo en mi tebeo”. Pero es una historia sobre un grupo de amigos y hablan. La verdad es que hablan bastante, así que aparecen ciertas referencias que casi nunca son gratuitas, sino que intentan aportar un poco más de información a lo que está pasando, y a quienes son los personajes.

La música es importantísima en “Cenizas”, si esto fuera una película, ¿qué sonaría, a parte de los que nombras?

Mientras hacía el cómic fui haciendo unas listas de reproducción que se podían utilizar a modo de banda sonora no original. Hasta el momento he hecho tres, pero había idea de hacer un par más. La primera fueron canciones que escuchaba constantemente durante los primeros meses del año pasado. La segunda era más acorde a la historia y era sobretodo folkie más o menos de moderneo, todo muy de bajona. Y la tercera era de grupos españoles, algo un poco más ruidoso y oscurete.

Llama mucho la atención la paleta de colores, ¿qué quieres transmitir?

Los colores también van con lo que se está contando y ayudan a que la historia fluya con facilidad, dando a veces pautas casi como si fuesen señales de tráfico, o esa es la idea. Por otro lado, me gusta que las cosas queden agradables al ojo. Existen un montón de viñetas y de información por página, a veces demasiada, y había que buscar una manera sencilla y efectiva de representar las cosas. El color era fundamental en todo eso y los tonos cálidos y pastel también encajan con lo que se está contando.

Una de las partes más sorprendentes del cómic es la narración de la evolución de la cremación, ¿es un tema que ya conocías de antemano?

No los tenía antes de empezar con el cómic pero cuando me puse a prepararlo di con el libro “Breve historia de la cremación” en un mercadillo de segunda mano. Estaba escrito  en alemán, así que me echaron una mano traduciendo algunas partes, porque la verdad es que estaba lleno de material bastante interesante. Ahora soy todo un experto en el noble arte de la quema de cadáveres.

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